Emilio Saracho ha llegado hace muy poco a la presidencia de un Banco Popular en situación extremadamente complicada, con un diagnóstico y unas recetas que han pasado de la especulación a la realidad, a medida que el propio Saracho y su segundo, Ignacio Sánchez Asiain van clarificándolas.

El diagnóstico se resume en que el banco tiene problemas serios con los activos inmobiliarios, el ladrillo, pero podría ser un banco con futuro si se concentra en el negocio de pymes, segmento en el que está saneado.

El negocio futuro podría estar, por tanto, claro si se pudieran resolver los problemas actuales. Y eso es lo dificil. El ladrillo es ahora un lastre casi insoportable para el Popular ya que los activos problemáticos vienen revisándose continuamente al alza, lo que le obliga a unas provisiones que se comen los resultados del negocio de pymes y particulares.

El ladrillo es ahora un lastre casi insoportable

Está claro que los nuevos gestores han tratado de frenar esta sangría de pérdidas y provisiones, antes de nada. Cualquier estrategia a futuro requiere primero taponar la herida, hacer que deje de sangrar. Sin embargo, el deterioro reclama una solución urgente.

Ampliación y esperar

Una de las opciones es la ampliación de capital, que daría una tregua al banco, motivo más que suficiente para considerar esta posibilidad, y esperar a que una parte de los activos inmobiliarios problemáticos fuera saneándose por su simple revalorización con el paso de los meses, a medida que el mercado inmobiliario se recupera y aumentan los precios.

Sin embargo, cualquier ampliación, y el Popular lleva unas cuantas en un año y poco, diluye el valor a los accionistas que lo son con anterioridad a esa operación, entre ellos, los accionistas de referencia que son los que tienen la llave para aprobarla o no. Y su volumen está por encima de lo que un banco como el Popular podría levantar de forma independiente. A nadie le gusta poner «dinero bueno sobre dinero malo”. Parece razonable pensar que la necesaria ampliación deberá ejecutarla un nuevo dueño del Banco Popular.

Candidatos para la venta

De ahí que la segunda opción en la agenda de los nuevos gestores, a la que el nuevo presidente parece estar dedicando buena parte de su tiempo, y la que parece que gana más enteros es la venta del Banco Popular a otra entidad bancaria, entre las que se otorgan posibilidades significativas al BBVA y a Bankia o Santander.

Es seguro que Emilio Saracho tratará de encontrar la solución más adecuada para el saneamiento y la evolución futura del Banco Popular, y es muy probable que en su nombramiento fuera determinante su experiencia y trayectoria en la banca de inversión, y que la opción de la venta haya estado predeterminada desde el primer momento. De lo contrario, se hubiera optado por un profesional con una ejecutoria ligada a la banca comercial o universal.

La quimera del precio

Pero también es seguro que quienes impulsaron y defendieron su designación le encomendaran que la solución a la que se llegue finalmente les beneficie o, sea la menos perjudicial para ellos. Y entre las indicaciones que le formularían sus mentores, con seguridad estaría la de mantener el valor de sus acciones y, preferiblemente, incrementarlo, una labor que a estas alturas parece imposible dada la sima en la que se encuentra el valor de la acción actualmente y las estimaciones que se vienen haciendo acerca del precio que podría pagar su comprador.

Es cierto que en el precio de adquisición de una compañía, y más aún de un banco, juegan factores adicionales al de su precio en bolsa, y particularmente, la prima que debe pagar el adquirente por el control de la entidad, pero las quinielas se mueven en torno a un euro por acción, y, por más que el precio final pueda elevarse algo de este listón no es fácil que se acerque al precio al que sus mentores compraron las acciones en su día, salvo que lo fueran en el primer semestre de 2013, período en el que la acción estuvo incluso por debajo de 0,70 céntimos. Por el contrario el grupo al que representa la familia del Valle, principal mentor de Saracho, compró su participación inicial en el Popular a un precio cercano a los 4 euros por acción.

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