La llegada de Trump a la presidencia ha disparado las incertidumbres globales acerca de sus medidas más polémicas, especialmente todas aquellas orientadas al proteccionismo.
Las incertidumbres políticas son una mala noticia para la economía y, más aún para los mercados financieros por lo que es previsible que el año 2017 tenga un impacto grande en estos mercados, crecientemente sensibles a ellas por efecto de la globalización y la inmediatez derivada de los nuevos procesos tecnológicos y las tecnologías de la información.
Las líneas generales de la política anunciada por Trump se basan en desmontar los acuerdos y convenios multilaterales o bilaterales de libre comercio, la promulgación de aranceles sobre productos importados en Estados Unidos, ó el cuestionamiento de los sistemas monetarios de países terceros. Se supone que todas estas medidas responden a la demanda ciudadana y que serán capaces de generar y proteger el empleo interno estadounidense y en general los intereses de los ciudadanos, beneficiando a las clases medias con reducciones de impuestos. A ello se añadirá una política de desregulación en los principales sectores, especialmente el financiero.
El proteccionismo que invoca el presidente Trump resultará dañino para la mayoría de las economías, pero especialmente para algunas europeas y, en primer lugar, para Alemania, que lidera el superavit con Estados Unidos en Europa. Algunas instancias norteamericanas ponen a Alemania en el punto de mira por la creencia de que ha podido manipular el tipo de cambio del euro aprovechando la fortaleza de la divisa comunitaria frente al dólar para incrementar sus exportaciones. Los efectos negativos para España serán débiles puesto que nuestra posición es deficitaria frente a Estados Unidos en términos de exportación e importación.
Con todo ello Trump espera lograr un mayor crecimiento económico y una revalorización de los activos americanos de todo tipo.
Sin embargo, las cosas no serán tan redondas y menos aún para los consumidores americanos. El aumento de aranceles repercutirá en unos mas altos precios finales para el consumidor. El proteccionismo y la desregulación pueden traducirse en una degradación de la competencia que favorezca a las empresas más grandes y les permita mayor arbitrariedad en la fijación de precios.
En definitiva, el Trumproteccionismo que pregona proteger y devolver el empleo a los americanos puede acabar volviéndose contra esos ciudadanos y consumidores, actuando como catalizador de un período de inestabilidad en los mercados y en las economías internacionales.
















